FEDERICO ROCCATAGLIATA
Abogado con especialización en Derecho Administrativo Económico por la Universidad Católica Argentina, soy Doctor en Derecho (PhD) con especialización en el área de Administrativo por la Universidad de Buenos Aires, asimismo, soy profesor universitario en la Universidad de Buenos Aires, y fui coordinador académico de determinados proyectos. En mi labor profesional me dedico, entre otras cosas, al derecho de la salud y discapacidad.
Gracias por dejarme ayudarte. Reflexiones del sentido profundo del trabajo Pro Bono.
Cuando empecé a participar en la Comisión Pro Bono del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires, lo hice pensando en que el derecho es una herramienta de transformación para las personas en general. Pero con el tiempo entendí algo importante, que es que quién ayuda también recibe, y quizás era yo quién debía agradecer por la ayuda que estaba dando en materia de asesoramiento y patrocinio en litigios a pacientes en situación de grave vulnerabilidad socioeconómica, con enfermedades tan complejas como Síndrome de Paget, Leucemia, ELA, Esquizofrenia entre muchas otras condiciones tan determinantes para el espíritu humano que te ubican frente a la existencia misma y la adversidad en su cara más visible.
En las consultas que hacemos periódicamente en Pro Bono recibimos muchos casos que son urgentes tanto de adultos como de niños. Casos muy difíciles, a los cuales el sistema de salud les niega el tratamiento médico en forma terrible e impiadosa a pacientes – ej. niños con epilepsia refractaria o con Atrofia Muscular Espinal – que esperan una respuesta que jamás llegará, y que claramente, no tienen suficientes recursos para hacer frente a gastos de profesionales idóneos en la materia que los puedan ayudar.
Una parte de nuestro trabajo, en el ámbito de la subcomisión de salud, es iniciar ante nuestros tribunales amparos de salud cuando existen casos graves de incumplimiento prestacional en los que la atención médica no admite demora ante la negativa incuestionable de las Obras Sociales de dar el tratamiento o la medicación correspondiente. Dichas acciones, cuando se materializan en resultados concretos, no son simples logros: son personas que pueden acceder a una de las cosas más preciadas del ser humano: la salud y la vida misma, y entre todo esto está la dignidad.
Pero en realidad, en este texto, lo que me gustaría compartir no es la enumeración de resultado obtenidos ni mucho menos, es algo más profundo, quiero transmitir el sentimiento de gratitud al revés.
Hace poco aprendí que en muchas culturas del mundo —desde la filosofía budista hasta ciertas tradiciones indígenas latinoamericanas— existe la conciencia de que quien ayuda no hace un favor: recibe una oportunidad, de la cuál debe estar agradecido.
Estar agradecido de recordar que cierta situación favorable no es un mérito exclusivo de uno mismo sino también una buena parte del azar, y en resumidas cuentas, de un privilegio del cual se debe también estar agradecido.
Una forma de gratitud es brindar ayuda a quién más lo necesita, que, en este caso sería a aquellas personas hiper-vulnerables que enfrentan barreras para acceder oportunamente a las prestaciones de salud, sin importar si se trata de la obra social, las empresas de medicina prepaga o el propio Estado. Estamos hablando de una oportunidad de estar presente ante el dolor ajeno, de usar tus capacidades profesionales para algo que trasciende el interés de uno mismo, y quizá, recordar que su propia situación desfavorable, asimismo, es fruto del azar.
Gracias por dejarme ayudarte.
El acceso a la salud y a la vida es un derecho humano y constitucional que todos merecemos garantizar juntos, y en el que, si colaboramos, todos salimos transformados.




